Cinco características de un buen comunicador

—¿Va a ser difícil la presentación que tienes que preparar en la escuela, Santi? —aunque escuché la pregunta continué jugando con la Wii. —Sí papá, me dijiste que tú me ibas a ayudar a prepararlo —le respondí sin dejar de ver la pantalla.  Se sentó a mi lado y tomó la hoja con el ejercicio de presentación en público que mi maestro de lengua me había entregado. —Ahora es buen momento para comenzar a preparar tu exposición, aún te quedan cuatro días; responde la primera pregunta ¿Cuál es el tema sobre el qué quieres trabajar?; apagué la máquina y me quedé un buen rato pensando la respuesta, estaba claro que no valía cualquier cosa, tenía que buscar un tema sobre el que yo sintiese alguna autoridad, algo que me apasionase, y que me permitiese con tiempo suficiente investigarlo. —Ya lo he decidido papa, mi tema de exposición en la escuela va a ser la comunicación en público.

—El miedo se vence con la práctica y mucha preparación, atrévete Santi, ya verás como no te arrepientes —me dijo. Sé que la clave de una buena exposición está en el conocimiento y la confianza en uno mismo, así que cuando salga delante de toda la clase lo haré relajado, respiraré pausadamente, dominando el esquema de mi exposición y trasmitiré seguridad con mis palabras.  La manera de combatir este miedo que siento es enfrentándome a él con la adecuada preparación.  ­—Yo en tú lugar ensayaría la intervención en casa frente al espejo unas cuantas veces. —Fue el consejo que me dio antes de salir hacia su oficina esta mañana.

—Tienes que encontrar la pregunta principal a la que vas a responder con tu exposición —me insistió mi padre; de repente no lo dudé, dado el tema de que había elegido la pregunta era: ¿Qué características ha de tener un buen comunicador? Ahora tenía que buscar las cinco principales y argumentarlas.

Aquella mañana hablé con mis amigos en el patio de la escuela y les pregunté adjetivos de un buen comunicador; llegué a la comida con un montón de ideas; me puse toda la tarde a trabajar, busqué información por varios libros y navegué en internet; al final del día tenía ya un par de folios con ideas deslavazadas y reescribí el esquema inicial.

—Está excelente tu trabajo, ahora tienes que interiorizarlo —intuí que aquí empezaba la parte más difícil. —El siguiente paso Santi —continuó—es hacer que tu discurso te salga de forma natural, para ello tienes que ensayarlo hasta que lo asimiles, has de dominar el contenido para lograr que tu comunicación sea espontanea y convincente; la primera característica de un buen comunicador es la naturalidad. 

Me dijo también que una buena técnica era comenzar por presentarme, para después lanzar una pregunta que captase la atención de todo el grupo (claro que el tema tenía que ser de su interés); me dijo también que podía mostrar un objeto; resumir la conclusión de lo que iba a decir; anticipar brevemente de lo que les iba a hablar. Me insistió mucho en que durante esos primeros momentos de mi charla tenía que ganarme la credibilidad de mi público y me desveló que esa era la segunda característica de un buen comunicador.

—Si despiertas el interés del que te escucha, estarás verdaderamente conectado con tu público Santi, y esta es la tercera característica que buscabas. Mi padre me habló de la importancia de utilizar un lenguaje que todo el mundo entendiese, que evitase las palabras pomposas y los gestos rígidos. —No descuides nunca  tu comunicación no verbal —me recordó antes de dejarme en el colegio—, piensa que más del setenta por ciento del impacto de tu mensaje se debe a lo que dices con tu mirada, con tus manos, con la posición de tu cuerpo, con tus silencios y con tu voz: más del setenta por ciento…

La mañana de mi presentación me levanté temprano, limpié mis zapatos, me coloqué la camisa y me arreglé el peinado, sentía un nudo en mi estómago que me inquietaba y estaba  muy excitado.  Para tranquilizarme, traté de recorrer mentalmente las preguntas que me había hecho y me repetí las respuestas que les iba a dar, resumí en un par de frases mi conclusión. Después de todo lo que había trabajado para esta presentación durante todos estos cuatro días descubrí la importancia de la cuarta característica de un buen comunicador: la concreción.

Reconozco que me puse un poquito nervioso al comenzar pero rápidamente lo superé. Durante los diez minutos que hablé me esforcé por poner en práctica la quinta característica que había descubierto y que era el entusiasmo, recordé la importancia de hablar a los demás desde la emoción y con el corazón.

Disfruté mucho con la experiencia y tengo que reconocer que mi presentación en la clase de lengua fue todo un éxito. Estoy convencido que hay más características que aún no he descubierto, pero al menos cinco las practiqué. Yo sé que hoy en día el hablar en público es una habilidad clave para tener éxito en cualquier actividad profesional, que el ser capaz de expresar mis pensamientos de una manera fluida y eficaz contribuirá poderosamente a lograr lo que emprenda. Todo esto, a mis diecisiete años, ya lo tengo muy claro; sé que ahora no soy un gran comunicador, pero también estoy seguro que algún día lo seré. —Naturalidad, credibilidad, conexión, concreción, entusiasmo… y el secreto —me dijo mi padre— está en la práctica continuada.

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